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El buscavidas.

Excepcional cinta del año 1961, dirigida con mucho oficio por Robert Rossen. Autor de obras tan importantes como Alejandro el Magno (1956) o Lilith (1964), Rossen realizó aquí su gran obra maestra. Cuenta el film con un guión muy bien elaborado por parte del mismo director, junto a Sidney Carroll, basado en una novela de Walter Tevis. Desde su maravillosa fotografía en blanco y negro firmada por Eugene Shuftan, pasando por la impecable dirección y sobre todo unas actuaciones portentosas de todo su elenco actoral, podemos decir que esta película es una de las grandes joyas cinematográficas de la historia. Protagonizada magistralmente por Paul Newman, en una de sus mejores actuaciones, y secundando no menos genialmente por Jackie Gleason, como el mítico “Gordo de Minnesota”, George C.Scott, bordando su papel de rastrero sin escrúpulos, o una estupenda Piper Laurie. El film recibió 9 nominaciones a los Oscar, entre ellas a todo su cartel protagonista antes mencionado, siendo galardonado con dos estatuillas menores a la mejor fotografía en blanco y negro y mejor dirección artística.

Sinopsis:

Un joven jugador de billar frecuenta locales de segunda fila para poder ganarse unos dolares, pero pronto, queriendo ser proclamado como el mejor jugador, reta al campeón, “El Gordo de Minnesota”. Su arrogancia y impaciencia hacen que pierda esa primera tentativa, pero el joven no cesa en su empeño y vuelve, al tiempo, a retar al campeón, esta vez a través de interminables horas de partidas, lo vence, perdiendo por el camino a su novia, una solitaria mujer alcohólica.

El encargado de componer la partitura musical, fue Kenyon Hopkins. Nacido en Kansas en 15  de enero de 1912 y fallecido en Nueva Jersey el 7 de abril de 1983, Hopkins fue un compositor que basó su obra en sonoridades de Jazz, trabajando desde muy temprana edad en pequeñas formaciones que interpretaban este tipo de música. Tuvo incursiones esporádicas en el mundo del cine, destacando esta obra que nos ocupa, la obra maestra de Sidney Lumet 12 hombres sin piedad (1957) y The Fugitive Kind (1959), escribiendo a su vez numerosas obras de Jazz y hasta alguna partitura de concierto de estilo vanguardista como son sus dos Sinfonías. Dentro de sus scores para la imagen, donde más se prodigó fue en el medio televisivo, componiendo música para infinidad de series como East side/West side (1963), Hawk (1966) o Mannix (1970-73). Kenyon trabajó también como arreglista y conductor en títulos como El fuego y la palabra (1960), donde dirigió temas sin recibir acreditación, con score de Andre Previn.

Como era de esperar aplicó el compositor un score jazzistico, plagado de una escritura de aires vanguardistas soberbia. Un solo de batería abre el tema principal, seguido de un motivo de saxofón alegre y dinámico que llevará el peso del tema hasta su finalización.

Para el personaje del gordo de Minnesota escribió un tema movido, al igual que el anterior, pero esta vez dominado por la trompeta, la batería y trompetas con sordina, que nos ofrece y descubre la personalidad  de este hombre.

Sarah, la compañera del protagonista, tiene su propio motivo musical, utilizando una de las frases del tema principal, en la que el saxofón tocado de manera impecable es acompañado por un piano muy sugerente. Un tema que nos resulta sensual en ocasiones.

Como se ve el saxofón, el piano y la batería son los instrumentos que dominan esta banda sonora. Los podemos escuchar en casi todos los cortes de la misma.

Hay temas dramáticos, asignados al alcoholismo de la chica y a la vida a veces marginal que lleva nuestro protagonista; en ellos Hopkins introduce la cuerda junto a unos leves acordes de clarinete, que resultan del todo adecuados.

En las escenas de las partidas se puede escuchar un acompañamiento musical más pausado en un principio, que se vuelve más frenético conforme avanza el juego y crece la intensidad y los nervios de los jugadores.

El personaje interpretado por Scott, tiene un tema más denso y oscuro al igual que su personalidad, que entremezcló maravillosamente el compositor en la escena en la que atrae con bebida a Sarah, con el motivo seductor de ella. Este es uno de los mejores momentos de la cinta, tanto visual como musicalmente. Hopkins utiliza de maravilla ese juego musical entre los dos temas, el amenazante del personaje de Scott y el seductor y casi embriagador de la chica, que acabará en la violación y posterior suicidio de ella.

De aquí al final, el personaje de Newman se vuelve más melancólico todavía si cabe, echándose las culpas de lo ocurrido con Sarah. Se muestra esta aflicción en la escena en la que se proclama campeón tras horas de juego. Es entonces cuando el compositor, en vez de aplicar un tema triunfalista o alegre, aplica una melodía decadente y apesadumbrada que nos mete de manera ejemplar en la mente atormentada del personaje. Esta misma sensación es la que nos encontramos en el final, donde podemos escuchar el tema principal del film, pero de manera más nostálgica y triste, espléndidamente dibujado en un cambio de registro portentoso por el saxofón. Si en el primero sonaba optimista, en este final ha sufrido un cambio radical, acaecido por las consecuencias fatales de la trama.

En definitiva, una obra muy interesante por parte del autor, que nos sumerge de lleno en los oscuros ambientes de la salas de billar y el mundo irreal en el que vive el protagonista.

Por suerte disponemos del score en edición discográfica, a través del disco que sacó a la venta en 2012 el sello Él -Cherry, conteniendo 15 temas de la partitura original, interpretada por músicos habituales de Hopkins como: Phil Woods, Phil Bodner, Jerome Richardson o Romeo Penque. El disco se acompaña de la música de Duke Ellington para el film de 1961 París Blues, y algunos cortes de Alex North de su score para El largo y cálido verano (1958), una oportunidad única para escuchar buena música de Jazz.

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