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The Railway Man: David Hirschfelder.

Este drama biográfico, basado en hechos reales, se estrenó en España en Julio de 2014, teniendo un paso por las salas bastante discreto. El film resulta entretenido y esta muy bien construido, pese a que su director (Jonathan Teplitzky) no sea una gran figura dentro de la cinematografía. De hecho, este joven escritor y director australiano sólo tiene hasta esta cinta algunas películas intrascendentes, todas ellas filmadas en su país natal, como Burning Man (2011) o Mejor que el sexo (2000).

En esta ocasión Teplitky firma una obra muy notable estructurada bajo un buen guión de Frank Cottrell Boyce y Andy Paterson, unas actuaciones ejecutadas con prestancia por el siempre eficiente Colin Firth, y un joven Jeremy Irvine, el cual ya dio muestras de su valía interpretativa en films como Una noche en el viejo México (2013) de Emilio Aragón, donde le seguía el pulso interpretativo al mismísimo Robert Duvall, o en la maravillosa Caballo de batalla (2011) de Spielberg. Cuenta también con la participación de Nicole Kidman, en una sosa y espesa actuación, y con actores de la talla de Stellan Skarsgárd. A su vez, uno de los puntos fuertes de la cinta se halla en una fotografía de matices muy sugerentes obra de Garry Phillips.

La historia versa sobre las torturas que recibió un oficial del ejercito británico durante la segunda guerra mundial en un campo de concentración japonés, y cómo este trauma le afectará en su posterior vida.

La música está compuesta por David Hirschfelder, compositor australiano nacido en 1960 que trabaja en el mundo del cine desde la década de los 90. Entre sus obras destacan títulos como Shine (1996) o Elizabeth (1998) entre una más que aceptable filmografía. Sin duda fue la partitura para Shine la que le dio fama internacional, reportándole inclusive una nominación al Oscar, recibiendo otra por Elizabeth. A partir de entonces ha mantenido una carrera discreta, en la que de vez en cuando da muestra de su calidad compositiva en algún que otro título. Últimamente el autor está teniendo un periodo muy fructífero en lo que a calidad de sus obras se refiere con scores tan sobresalientes como los de Australia (2008), para la que escribió una excepcional partitura sinfónica de enorme calibre, Santuario (2011), otro gran score lleno de momentos cargados de belleza, y esta obra que nos ocupa.

Crea para ella el compositor una obra sólida cargada de dramatismo, donde los instrumentos étnicos japoneses adquieren un papel primordial. Ya desde sus créditos iniciales se puede dar fe de ello, un tema hipnótico en su principio que hace referencia a los recuerdos del protagonista en el campo de concentración, en el que se incluyen motivos de shakuhachi (flauta japonesa), y que nos recuerdan a los que usara John Williams para El Imperio del sol (1987) en clara referencia oriental, o más recientemente Alexandre Desplat en Invencible (2014), primer film tras las cámaras de Angelina Jolie.

A continuación nos ofrece el compositor un tema pausado y de muy agradable melodía para reflejar la vida placentera que tiene en la actualidad el personaje de Firth, donde la flauta y una suave orquestación de cuerdas llevan la voz cantante.

La percusión de influencia oriental es introducida por Hirschfelder para comunicar al espectador la superioridad del ejercito Nipón frente a los soldados prisioneros en cortes como “Fall of the British Empire”. La desesperación de los allí confinados es reflejada con un desgarrador y deprimente solo de violín, de autentica maestría narrativa.

Aplica otros temas más movidos para la construcción de los raíles del ferrocarril, donde los prisioneros son sometidos a trabajos forzados, pero pronto esa música hipnótica, desesperanzadora, engulle este motivo dinámico, en beneficio de los capturadores.

Un motivo esperanzador de trompeta suena cuando los prisioneros construyen una radio casera y así pueden tener noticias de lo que pasa fuera del campo, una escena en donde la música adquiere un cariz agobiante, que refleja la tensión por no ser descubiertos. En cuanto es descubierto el artilugio, introduce de nuevo el compositor la percusión oriental a modo de amenaza.

La trompeta se erige en la aliada, junto con las cuerdas de los británicos, en este tour of force entre los dos bandos perfectamente narrado por el compositor. Mantiene un muy cuidado equilibrio entre las melodías más sosegadas y hermosas, dedicadas al personaje protagonista y a los compañeros confinados en el campo, y los motivos de percusión, que son la voz de los japoneses.

Uno de los mejores temas es “The Bravest Thing I’ve Ever Seen “, donde una preciosa escritura de cuerdas combinada con un motivo de coros lamentativos de singular belleza, realzan la escena para la que está escrito, todo ello aderezado con un toque de percusión a modo de réquiem realmente espectacular.

Hirschfelder acompaña al protagonista de esta historia con temas tremendamente compasivos y reflexivos, utilizando en la orquestación campanas mezcladas con cuerdas, de unas hechuras dramáticas que ponen los pelos de punta. Sin desmerecer el motivo orientalista que es utilizado como leitmotiv a lo largo del film, y que irá evolucionando a la par que el personaje del carcelero japonés. Es un acierto por parte del Hirschfelder ir dotando poco a poco dicho tema de calor humano hasta llegar a la redención, plasmada mediante el perdón por parte del protagonista hacia el personaje del soldado japonés, dentro de unas escenas finales realmente bellas, potenciadas por la magnífica música de este autor a veces infravalorado.

Una joya imprescindible, que a mi entender debería haber tenido más repercusión dentro de este mundo de la música de cine, e incluso alguna que otra nominación a los principales premios.

Por suerte podemos disfrutar de ella a través de la edición discográfica lanzada por el sello Varése Sarabande, producida por Robert Townson. Con 20 temas compuestos por el maestro, orquestados por James K. Lee y dirigidos por Brett Kelly, sobresaliendo los solos de violín por parte de Robert Macindoe, el chelo de David Berlin, shakuhachi interpretado por Riley Lee y el piano, percusión y efectos electrónicos ejecutados por el propio compositor.

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